¡Grande Sierra!

El gobierno argentino anunció desde Glasgow que la empresa australiana Fortescue Metals invertirá 8400 millones de dólares para producir hidrógeno verde en Río Negro. Alberto Fernández dijo que “la Argentina tiene una gran oportunidad por delante y necesita empresas así, que inviertan y generen trabajo”. Fernández destacó además que “el hidrógeno verde es uno de los combustibles del futuro y nos llena de orgullo que sea la Argentina uno de los países que esté a la vanguardia de la transición ecológica”. Si bien la minera Fortescue cuenta con algunos antecedentes preocupantes, como puede leerse en los 42 artículos que Mines and Communities consigna sobre ella entre 2004 y 2021, también es cierto que muchos ven a su acaudalado presidente, Andrew Forrest, uno de los mayores emisores de carbono del mundo, quien hizo una fortuna a partir de exportar el hierro australiano a China, como un nuevo líder de la llamada descarbonización, tal como indica este artículo publicado la semana pasada en New Yor Times. La cara visible del multimillonario proyecto es uno que dijo que iba a hacer la Casa de Chubut en París y después nunca más se supo nada.

Por Luis Manuel Claps

Title Fight: How the Yindjibarndi battled and defeated a mining giant” (“Pelea por el título: Cómo los Yindjibarndi enfrentaron y derrotaron a un gigante minero”) del consagrado periodista australiano Paul Cleary (editorial Black Inc., 2021), es la historia de David contra Goliat enmarcada en los remotos paisajes de Pilbara. En solo quince años, la empresa minera Fortescue Metals Group de Andrew ‘Twiggy’ Forrest se convirtió en un gigante global del hierro valuado en US$70 mil millones. Pero en su carrera por el desarrollo, Fortescue dañó y destruyó el patrimonio ancestral indígena e impuso acuerdos flagrantemente injustos con los dueños tradicionales de las tierras. Para enfrentar la resistencia, la empresa privilegió el litigio en su afán de obtener resultados favorables para los inversores. “Title Fight” cuenta cómo un grupo de tenaces indígenas australianos luchó para defender su conexión espiritual con los territorios. Mientras Forrest y Fortescue son presentados por la prensa argentina como los nuevos héroes contra el cambio climático y la llamada “transición verde”, en virtud de la anunciada inversión en Río Negro, la lectura, análisis y traducción al español de este importante trabajo de investigación periodística se vuelven críticos.

Fortescue fue acusada de bullying y comportamiento irrespetuoso contra organizaciones de los pueblos indígenas de Australia, “inconsistentes con los valores que pregona como una de las principales empresas del país”. Un artículo de The Guardian fechado el 12 de noviembre de 2020, escrito por Lorena Allam y Calla Wahlquist, da cuenta de una serie de cartas intimidatorias que la minera envió a la organización indígena Wintawari Guruma (WGAC), en las que los abogados de la empresa amenazaban con tomar acciones legales si no otorgaban su consentimiento a la destrucción de los sitios sagrados de Weelamurra Creek, en Guruma del Este. El territorio del pueblo Wintawari es uno de los más intensamente explorados por empresas mineras en Australia, según The Guardian, con más del 93% de su extensión concesionada. Los Wintawari estiman que no menos de 434 sitios sagrados ya fueron destruidos por las operaciones de Fortescue y otras compañías.

Un cable de la agencia Reuters escrito por Melanie Burton, con fecha 13 de octubre de 2020, agrega que Fortescue retuvo pagos de regalías para ejercer presión contra las organizaciones indígenas. El complejo minero de Solomon, operado por Fortescue, cuenta con una capacidad estimada de 75 millones de toneladas de mineral de hierro al año, cerca del 40% de la producción total de la compañía, y se encuentra ubicado en Guruma del Este. Además, unos 90 kilómetros del ferrocarril Eliwana atraviesan el territorio indígena. La directora de la organización WGAC, Joselyn Hicks, declaró a una comisión del Parlamento de Australia: “Los propietarios tradicionales de las tierras desconocían el nivel de destrucción que los acuerdos que firmaron con Fortescue y Rio Tinto implicaban. No sabíamos que más de 400 sitios de patrimonio cultural serían destruidos. No sabíamos que nuestras vertientes sagradas se secarían. No sabíamos que seríamos excluidos de nuestras propias tierras”, concluyó Hicks.

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